Hola, soy Ana
Politóloga de formación. Yogui por misión.
MI CAMINO NO INICIÓ EN UN TAPETE DE YOGA.
Durante años, mi vida se definió por la agenda, la estrategia y el servicio público. Trabajé en el sector público gestionando proyectos y viviendo a la velocidad que exige el mundo moderno.
Tenía lo que se suponía que debía tener: éxito profesional y responsabilidades importantes. Pero, aunque todo se veía bien por fuera, por dentro vivía con el "motor encendido" 24/7 . Buscaba respuestas afuera: en los logros, en el hacer, en la teoría. Y la sed de algo más seguía.
Hasta que el cuerpo y la mente pidieron una pausa. Y fue ahí donde el Yoga dejó de ser un ejercicio físico para convertirse en mi salvavidas. En 2018 renuncié a mi carrera y me formé como profe en Hatha Vinyasa Yoga en Cartagena y en Yoga terapeútico y Restaurativo en Bogotá.
Luego de eso,
En 2019, mi pareja Eusebio y yo nos fuimos a vivir al Aurovalley Ashram en los Himalayas, India. No fuimos como turistas espirituales, fuimos como monjes voluntarios.
Recuerdo que mi primera tarea asignada (Karma Yoga) no era meditar en una cueva, sino ser jardinera. Pasaba 6 horas al día bajo el sol arrancando pasto y maleza "pulling out the weeds" .
Al principio, mi mente se resistía: ¿Para esto vine a la India? ¿A arrancar pasto?
Pero ahí, con las manos en la tierra, entendí el verdadero Yoga. Entendí que mi mente estaba llena de esa misma "maleza": pensamientos repetitivos, juicios y ruido innecesario.
Aprendí que la paz no es un lugar al que vas de vacaciones; es una habilidad que se entrena, repetición tras repetición, arrancando una hierba a la vez.
Allá no "hacíamos" yoga. Allá TODA LA VIDA ES YOGA.
Regresamos con un bebé en la panza, que nació en plena pandemia. Oru hoy es un niño feliz de 5 años.
Al año de Oru, nos fuimos a vivir a un Ashram en Colombia llamado Auromira. Ahí pasamos 15 meses de Karma Yoguis. Volvimos a hacer jardinería, a encargarnos de las tareas básicas de ese lugar y a compartir la práctica.
POR QUÉ LA EXPERIENCIA DEL YOGA?
Entendí que mi misión era traducir la sabiduría ancestral del Yoga para la mente moderna. Sacar la práctica de los conceptos y la palabras en sánscrito y volver a lo esencial.
No diseñé esta escuela para que te vuelvas flexible ni para que hagas posturas acrobáticas para Instagram. La diseñé porque creo firmemente que el Yoga es el "Manual de Usuario" del ser humano que todos tenemos derecho a conocer y a utilizar para alcanzar nuestro verdadero potencial.
En LEY unimos dos mundos que se necesitan mutuamente:
1. La Práctica: Creo en el poder de la repetición. En la escuela no encontrarás miles de videos distintos para entretenerte. Encontrarás secuencias específicas que repetimos una y otra vez. ¿Por qué? Porque la práctica es el maestro. Solo cuando dejas de pensar "¿qué viene ahora?" puedes empezar a sentir quién eres realmente. La repetición es el mecanismo que permite que la instrucción externa se convierta en experiencia interna que muestra, que enseña y que nos hace darnos cuenta de que nos damos cuenta.
2. La Ciencia de este ser complejo que somos: Tu cuerpo, tu energía vital, tu mente y tu cerebro son máquinas biológicas perfectas que a veces se desajustan. Usamos la neurociencia para entender por qué te sientes agotada, por qué no duermes bien y cómo hackear tu sistema nervioso para recuperar tu energía vital.
MI INVITACIÓN PARA TI
Hoy vivo en Villa de Leyva, en una casita que es también nuestra escuela, junto al amor de mi vida, Oru y un nuevo bebé creciendo en la panza.
Desde aquí, me conecto a las 5:00 a.m. con personas valientes que han decidido dejar de negociar con su pereza y establecer su hábito de llegar al tapete.
No soy una gurú. Soy una practicante, igual que tú.
Y he creado este espacio para que tengas el sostén, la estructura y la compañía que se necesitan para cultivar una disciplina.
Porque al final, el Yoga no es algo que se alcanza. Yoga es la realización de que ya estás en estado de Unión.
Mi trabajo es solo darte las herramientas para que tú misma te des cuenta.
Hoy ya son 12 años de práctica, 8 de profe y ojalá llegue hasta los 90 años en mi tapete.
Nos vemos en el tapete.
Ana.